Iberia dreams

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Estas Navidades las he pasado fuera. Sí, me he ido de España por un momento – a inspirarme y refrescarme la memoria de como estaban las cosas por allí. Si no, ¿como me puedo meter con vosotros Españolitos?

El choque cultural de vuelta al país de la tortilla me ha esperado ya en el aeropuerto de origen al montarme en el avión de la compañía peninsular. He aquí un par se observaciones de la eficiencia y trato del personal que he podido observar durante mi vuelo con Iberia:

Parte 1: La batalla de los cinco ejércitos

Todo empezó muy sutilmente con el aviso del boarding gate en las pantallas del aeropuerto. Viendo que ya se podía subir (leyendo claramente “boarding”), me acerqué al gate para observar que dicho derecho solo se aplica a los pasajeros Premium. El resto de los mortales tuvimos que esperar sentados otros 20 minutos para que por fin nos llamaran. Como curiosidad, no vi a subirse a ningún Premium, quizá les daba apuro delante de todo el mundo observando. Pero vale, por fin nos toca. Bueno, nosotros, según se mira. Hay que agradecer, que el personal del aeropuerto, claramente no nativo, nos atendió en castellano. Un punto a favor, aunque no son empleados de Iberia. El único punto.

“Por favor, ahora pueden empezar a hacer boarding los pasajeros diamante, platinum, oro, plata, safiro, rubí, cobre, grafito, etc etc.” ¿Pero que cojones es esto? ¿Un curso de mineralogía? Ya se que hay que tener en cuenta a los más viajeros y que todo el mundo quiere pertenecer a alguna clase con ventajas, pero esto?? ¡Si el tío al lado ya se estaba poniendo el pasamontañas con tanta joya!

“A continuación embarcarán los pasajeros del Grupo 1”. Aquí viene el invento. A ver como os los explico a los petardos que nunca habéis volado o a los que lo hacéis borracho o sois demasiado lelos como para daros cuenta. Al embarcar en el avión, normalmente solo se entra por la puerta delantera y el pasillo es bastante estrecho y muy muy propenso a crear atascos especialmente cuando todo el mundo quiere colocar su maleta, abrigo, ahh se me olvidó sacar la revista, mejor también cojo el jersey que hará frío.. Todos los que están esperando hasta que ese individuo se siente lo quieren con locura en ese momento. Porque hasta que esa persona no se sienta, no hay manera de que la siguiente avance a su puesto más a fondo del avión para repetir el mismo proceso dos pasos más adelante.

Bien, varias compañías han intentado afrontar y mejorar el embarque con más o menos resultado y con diferentes estrategias. Está el clásico “no me compensa darle vueltas al coco, que embarquen como puedan” de la mayoría (es decir, no afrontan la situación). Otras, como Ryanair, mandan a los pasajeros a la pista (sé que también les sale más barato al no alquilar el puente!) y los embarcan tanto por la puerta delantera como por la trasera, asignando a cada pasajero la entrada que más cerca le pilla de su asiento. En teoría embarcarían el avión en la mitad del tiempo, pero debido a sus otras políticas ($$$ por equipaje) todo el mundo lleva maleta y como no hay espacio, se forma un follón en la cabina con pasajeros buscando hueco desesperadamente donde sea, en otra punta del avión y taponando el pasillo igualmente.

Y luego están compañías que han pensado (y en teoría estaría bien) embarcar a los pasajeros desde atrás al fondo hacia adelante. La implementación varía, así que podréis ver azafatas que llaman a embarcar las filas de 24 a 18, después 17 al 10 etc. Y para no llamar por filas (porque admitamoslo, no todo el mundo sabe que 12 está entre 17 y 10), otras como Iberia, les asignan números así que Grupo 1 es filas de 24 a 18, Grupo 2 del 17 al 10 etc.

Y allí me toca. “Grupo 2, al ataque” ordena con fuerte acento el personal aeroportuario. Pasamos entre los del Grupo 3 que, por alguna extraña razón ya esperan impacientes e impenetrables alrededor del gate, a empujones logramos superar el control y que sorpresa, en la entrada del avión una cola impresionante, bueno, la de toda la vida. Quién esperaría que los pasajeros del Grupo 1 estarían sentados o sentándose a fondo del avión se equivocaría. Todo el avión está como siempre atascado. Hay gente sentada en todas las filas, aunque sospecho que son los platino, oro y diamantes, por la cara de asco con la que nos miran a los plebeyos. Las azafatas como siempre sonrientes en medio del todo no haciendo nada de nada. Es decir, como idea podría ser estupenda, pero en la práctica, Iberia ha fallado grandiosamente en su ejecución. Además, si se hubieran ahorrado el lío de los grupos, seguro que embarcamos hasta antes.

Parte 2: Los juegos del hambre

Por fin sentados y despegados, podemos disfrutar del viaje. Al lado tenemos una familia con tres hijos adolescentes, así que nos espera un viaje tranquilo y relajado (todos tienen iPad!).

En el momento que se apaga la señal luminosa “Permanezca sentado y con el cinturón abrochado” escucho a la madre de dicha familia discutir con la azafata. “..pero en mi reserva pone que servía cena a bordo!!.. “. Adiós, ¡se nos ha olvidado! Es cierto que el vuelo de ida lo tuvimos con otra compañía no Española, por la mitad del dinero y directo. Es cierto que nos sirvieron cena a todo el mundo, bebidas frías y luego un té o café caliente. Incluido en el precio del billete. Pero esto es Iberia y no podemos esperar milagros. “En un momento podréis elegir de nuestro menú a bordo bocadillos fríos y calientes a precios a la altura del avión”. Con destino Madrid, el 90% de los pasajeros son Españoles. Es un vuelo de solo 3 horas, pero en el horario de cena, de 19:30 a 22:30 horas.  Estamos en el aeropuerto desde hace 2 horas. Venga ya, ¡todo el mundo se esperaba una cena! Mirando el menú apuntamos a una pizza de Telepizza, tamaño moneda de 5 céntimos por unos 7€. Por lo menos algo caliente. El personal no pasa así que me levanto y voy a pedirle a la azafata la pizza. Sé que puedo llamar, pero un paseo no me viene mal. Me indican que espere a que pasen con el carro. Bien, al final pasan en 20 minutos, pero pasan. Cuando voy a pedir, se presenta la madre de mis compañeros de al lado adolescentes, se me cuela y les pide una pizza y unos bocatas. Oigo claramente que es la última. Estamos en la fila 15 y hay por lo menos otras 15 filas por detrás. ¡Que os aproveche! Por sea caso pregunto si hay pizza. La misma chica que hace 10 segundos dijo al crío al lado que se acaba de pedir la última me dice que lo tiene que comprobar. Una cosa es ser educado y otra mofarse de la gente. Lo comprueba y 3 minutos más tarde me avisa que ya no hay pizza. Le recuerdo que había preguntado por ella hace media hora cuando me levanté pero no pasa nada. Pedimos otra cosa. Pasta caliente. “Sí, nos queda, pero tardaremos en calentarla 25 minutos.” Anda microondas que teneis en el avion!  ¿Otra cosa que hay caliente? El bocadillo de tortilla? Lo tiene que comprobar. No hay. Bueno, pues la pasta, esperaremos. Ya por costumbre le comento que me dan pena los pobres pasajeros del Grupo/Distrito 1 que ocupan la parte trasera del avión y que cenarán como mucho paquete de patatas fritas 50gr por 6€. Aún tiene 3 en el carrito.

Al final nos traen la comida después de 30 minutos y podemos comernos algo caliente, aunque sea poco y no lo que hemos querido. Aun así, viendo las caras de las filas atrás que se quedaron sin provisiones me siento afortunado. Estoy seguro que aunque hubiesen traído el doble de comida lo venderían en ese vuelo todo. Aún así preferiría la cortesía de una cena medio digna para todos. Al no hacer ni fu ni fa, ni quedar bien ni quedar mal pero forrarse, al quedar mal y encima no forrarse, Iberia ha demostrado ser una auténtica empresa española. Desorganizada, poco profitable y a pesar de una buena atención al cliente (si no cuento la chorrada de la pizza, el trabajo del personal ha sido en todo momento correcto) con una experiencia del usuario desastrosa. Gracias Iberia, por darme un, antes ni siquiera de tocar el suelo Español un cálido WELCOME TO SPAIN!

 

 

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