First impression

Cuando llegué por primera vez a España, no sabía nada. Sabía decir “hola” y “donde está..”, “una cerveza por favor” y un par de palabrotas. Pero era joven y tenía ganas de aventura.

Mis conocimientos eran bastante estereotípicos e incluían toros, españoles vagos, muchas horas de siesta, gente morena, flamenco y ese acento raro que tiene la gente cuando los americanos cruzan a México en sus películas. ¡Hombre! Conocía 3 ciudades españolas: Madrid, Barcelona y Pamplona. Poco más.

La llegada

Me gustó mucho. Me gustó la gente, verás de donde yo vengo, la gente no sonríe por las calles, de hecho casi no salen a la calle. Aquí sí y eso me gusta. Vas paseando y te encuentras con gente. Y además esa gente no te enseña su cara de refunfuñón, sino te sonríe. Con eso flipé – me dio un subidón de energía positiva y contribuyó mucho a que eligiera España como mi lugar de residencia.

Seguro que existen países donde la gente es todavía más amable y cariñosa, pero yo vengo de un país de gente fría y demasiado contraste tampoco me vendría bien. España es la mezcla exacta de proximidad y ignorancia interhumana que necesito. Ahora bien, hoy en día se va perdiendo poco a poco esta imagen positiva, quién sabe, quizás dentro de un par de años cambiaré de país, pero por ahora todavía lo noto. No creo que es algo de que los españoles podréis daros cuenta jamás sin salir de vuestro país.

El calor y el frío

Otra cosa es el clima, por lo menos aquí en Andalucía. ¡Hace mucho calor! Y no llueve. Ni siquiera hay nubes en el cielo durante semanas. Increíble. El primer año flipé. Me reí a carcajadas de vosotros cuando el 3 de enero hacía 25 grados y vosotros salisteis, como no, con abrigos, botas, bufandas y gorros. Yo me puse el pantalón corto y una camiseta, es que 25 grados era verano para mí. Pero no, el raro era yo.. “¡En enero y con camiseta! ¡Está chalao!”

Después descubrí que esto es una cosa muy común aquí en España. Que la gente sigue sus costumbres a rajatabla sin preocuparse por nada. No nos vamos a engañar – flexibilidad poca.

Si en enero hizo 25 grados, ya sé que era una excepción, porque ese invierno pasé uno de los peores fríos de mi vida. Y eso que en mi país llega hasta -20°C ! Pero esto ya vendrá otro día que por hoy me parece suficiente.

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